Un cuento de navidad

Cuento seleccionado en un concurso internacional de Navidad y publicado por la Editorial Mítico de Colombia.

Paula Placeres

24 de diciembre de 2009, Monza, Italia.
Fue esta la Navidad en que volvimos a casa.
Tenía un gran significado volver, para Mauricio y para mí, y más a un para Juan Pablo y Belén, nuestros hijos, que en ese entonces tenían 6 y 9 años.
Somos Uruguayos de origen, fuimos acogidos circunstancialmente por Italia debido una situación límite, que nos llevó a salir del país con urgencia.
Habíamos pasado el último año y medio entre hospitales y casas residencias para familias de niños con cáncer.
Mi hijo mayor Juan Pablo, había enfermando gravemente, y después de recibir la noticia de que no tenía cura, decidimos ir tras una esperanza en Italia.
Luego de un tratamiento muy agresivo para tratar una leucemia muy rebelde, y posterior trasplante de médula ósea, a principios de noviembre de ese año recibimos por parte de los doctores la noticia de que podríamos regresar a casa a fines de diciembre.
Fue un mes muy loco, entre buscar pasajes aéreos, que en esta fecha era bastante difícil y costoso, además, hacer todos los controles a Juan Pablo antes de viajar a Uruguay, para estar tranquilos.
Pasado todo esto, los pasajes que encontramos fueron para el día 24 de diciembre, Noche Buena.
Arreglamos todo, llegaríamos el día de Navidad a Buenos aires, dónde nos irían a buscar en auto, fue lo que pudimos encontrar.
No había disponibilidad de pasajes a Montevideo.
De todas maneras nos pareció bien así.
La cosa era volver a casa.
Y mejor aún, el día de Navidad.
En medio de una gran nevada histórica en la región Norte de Italia, y otras partes de Europa, partimos hacia el aeropuerto de Milán, con bastante anticipación, dónde días antes estaban suspendidos y retrasados varios vuelos internacionales e interoceánicos.
Nuestro equipaje era una exageración, llevábamos las maletas al límite, en aquel tiempo aún se podía viajar con dos maletas grandes y una pequeña por cada pasajero.
Llevábamos muchas cosas que habíamos adquirido durante los casi dos años que estuvimos en Italia.
Nos despedimos de Elio y Silvana, una pareja de Napolitanos de origen, que vivían en Monza hacía muchísimos años, donde nosotros habíamos pasado gran parte del último tiempo, ellos nos acogieron en su casa como si fuésemos familia.
Tomamos aquel vuelo con mucha ilusión. Al llegar a Madrid, supimos enseguida que había muchos vuelos retrasados y cancelados.
Uno de ellos era el vuelo Madrid-Buenos aires, en el que nosotros debíamos viajar de regreso.
Me puse muy nerviosa, nos hablaron de permanecer en el aeropuerto hasta que se acomodaron nuevamente los vuelos.
Podía ser una noche o más aún.
Había muchísima gente varada en el aeropuerto hacía varios días.
No podía dejar que Juan Pablo permaneciera allí, en medio de tanta gente, durmiendo en el suelo y demás.
Si bien el estaba estable y bastante bien de salud, había algunos cuidados que debíamos tener.
Y por otra parte, era Navidad y deseábamos volver a casa.
Entonces fui a la compañía aérea y expuse mi preocupación.
Y después volví al lugar donde estaban Mauricio, a Belén y Juan Pablo, junto a muchísimas personas que estaban a la espera de ser reubicadas en cuanto se reanudaran los vuelos.
No había pasado mucho tiempo cuando en determinado momento, llamaron por el altavoz " Juan Pablo Peña Placeres".
Entonces nos acercamos al mostrador, nos llamaban desde la compañía Alitalia, donde nos hicieron pasar por un costado directo a una avión, que estaba preparándose para despegar.
Nos dirigieron hacia la parte de adelante del avión.
¡Vaya sorpresa!
Nos habían reasignado los lugares, y en primera clase.
No puedo explicar lo que disfrutamos ese viaje.
Recuerdo a Belén y Juan Pablo muy cómodos en aquellos asientos tan grandes y cómodos, comiendo y tomando cosas ricas.
Usando todo lo que se podía usar en aquellas cabinas enormes, y tocando todo los botones posibles.
Vaya si nos merecíamos un viaje de regreso a casa de esta manera.
Así fue que tuvimos nuestra Noche Buena volando en primera clase.
Brindamos en el vuelo, ellos tuvieron sus regalos de Navidad durante el viaje.
Y lo más gratificante, sabíamos que al llegar nos esperaba parte de la familia para un viaje de aproximadamente 500 km en auto.
Llegamos a Buenos aires al amanecer, estos vuelos interoceánicos son generalmente durante la noche y se llega a destino amaneciendo o en horas tempranas de la mañana.
Allí nos esperaban mis cuñados.
Ellos habían ido por nosotros en su camioneta grande, ya que éramos nosotros cuatro y además teníamos muchísimo equipaje, que, al resignarnos un nuevo vuelo fue a dar a quien sabe que parte del mundo.
Lo dieron por perdido, hasta nuevo aviso.
De todas maneras emprendimos el viaje hacia Uruguay en auto, con lo puesto.
Fue un viaje largo, desde que salimos desde Milán hasta llegar a Trinidad, la cuidad de donde éramos oriundos mi esposo y yo.
En la entrada al pueblo, una caravana nos esperaba.
Abuelos, tíos, primos, amigos, todos a esperar a Juan Pablo y a nosotros, que regresábamos de tan importante misión cumplida.
Perdimos el equipaje con todo este revuelo, pero nada opacó la alegría de volver.
Festejamos esa Navidad con un gran significado y muchas emociones, parecía que el tiempo no había pasado, aunque en medio había pasado "una vida".
Nos sentimos nuevamente en casa, con todo lo que estar en casa significaba en ese momento.
Esta ha sido la mejor Navidad que hemos podido tener.