Lola se quedó conmigo
Paula Placeres
6/11/2026


Quienes me conocen saben de mi pasión por los caballos, y lo que ellos significan en mi vida. Esta es la historia de Lola, una yegua de casi 7 años, que está conmigo desde el día de su nacimiento, incluso desde entes, desde la barriga de su madre.
El destino hizo que Lola y yo, estemos aquí juntas hoy. Ella nació hace seis años y medio, hija de Baraja, una yegua muy nerviosa a la cual casi nadie se atrevía a montar. Ella heredó mucho de su madre, el carácter, por ejemplo, y de su padre, el pelaje, y poco más. Antes de hacerla domar, hace poco más de dos años, se la regalé a una jovencita cuando cumplió 15 años. Resultó que la niña regresó a vivir a España, donde nació, y Lola se quedó conmigo. Más adelante quise venderla cuando terminó de ser domada, ya que no podría darle el uso que en aquel entonces yo quería, que eran las clases con niños.
Desconfiada, nerviosa, una yegua difícil para montarse en ella, igual a su madre. No pude venderla entonces.
Ha pasado el tiempo y a mí eso, ya no me importa, es sólo un detalle. Ella me ha demostrado ser muy confiable de abajo, le gusta interactuar con las personas en general, pero más aún con los niños. Demostrando así que no hace falta estar sobre su lomo para encontrarle una utilidad, ella tiene mucho más para dar desde su instinto de caballo, eso que nadie le enseñó, que ya trae como riqueza en su ser.
Entonces, ella se quedó, y se quedará, no solo ya no está a la venta, sino que ha pasado a ser uno de los grandes caballos maestros de esta manada. Mostrando así, que el caballo en su naturaleza tiene pureza de corazón y nobleza de espíritu.
Gracias Lola, por estos años compartidos y por todo lo que nos queda aún por vivir y por aprender juntas.