La esquela
Dicen que recordar es volver a pasar por el corazón, hoy a través de un mensaje en un pedacito de papel que fue escrito hace 28 años, recordé con mucho cariño a mi abuela Rosa.
Paula Placeres
8/15/2026


Una esquela es un mensaje breve, escrito en un papel y dejado para que alguien más lo encuentre.
Hoy, mientras revolvía una caja de madera que heredé de mi abuela paterna, encontré, dentro de uno de sus pequeños cajones, una de esas esquelas.
Unas pocas palabras escritas por ella, dirigidas a mi hermana Andrea y a mí, que por entonces vivíamos en Montevideo. Éramos estudiantes, jóvenes, y debe haber sido alrededor de 1998.
Mi abuela había estado en nuestra casa y, como no nos encontró, nos dejó aquella notita.
Seguramente la habíamos encontrado antes, muchas veces. Y seguramente, en aquel momento, cuando éramos jóvenes, aquellas palabras tuvieron algún significado. Quizás la leímos, sonreímos, guardamos el papel y seguimos con nuestras vidas.
Pero hoy, unos veintiocho años después, volví a encontrar aquel mensaje.
Y con él, de alguna manera, volví a encontrarme con la abuela Rosa.
Recordé que siempre escribía notitas para todo. Tenía una libreta de apuntes y una letra que ahora puedo imaginar mientras recorre el papel. Puedo verla escribiendo, dejando allí, con la naturalidad de todos los días, un pequeño mensaje para nosotras.
La esquela dice:
“A todos les trajimos pequeñas cositas. Hasta pronto, la abuela.”
Son apenas unas pocas palabras.
Pero hoy tienen un significado enorme.
Mi abuela murió hace veintiseis años y, sin embargo, ese pequeño papel parece haber permanecido guardado todo este tiempo para volver a traerla hasta mí.
Cada vez que abra esta caja, estará allí ese instante detenido: nuestra casa de estudiantes, mi hermana y yo, la abuela que había pasado por allí y no nos había encontrado, sus manos escribiendo, sus pequeñas detalles, su manera de decirnos que había pensado en nosotras.
Quizás eso sea también lo que hacen los recuerdos.
No permanecen quietos en el pasado.
A veces esperan, a veces vuelven.
Esperan dentro de una caja, entre papeles y objetos que creemos olvidados, hasta que un día volvemos a encontrarlos y, por un instante, el tiempo deja de ser tiempo.
Y la abuela vuelve.
Vuelve en una cartita, en unas pocas palabras, en una pequeña esquela que alguien escribió hace casi treinta años.
“Hasta pronto, la abuela.”
Y hoy entiendo que, de alguna manera, aquel hasta pronto fue un hasta siempre.