La continuidad de la vida
Paula Placeres


La continuidad de la vida.
La vieja parra del Tata, que él tanto cuidaba con mucho recelo.
Nadie podía tocar las uvas, hasta que, según él, estuviesen listas.
"No las toquen que están curadas; todavía no, porque están verdes; no las coman así, calientes".
Para poder llegar a comerlas debían estar parejitas, moradas y que su sabor en boca fuera y dulce y suave.
Cuando llegaban a la casa de los abuelos en verano, lo primero que hacían mis hijos y sus primos, era inspeccionar las uvas.
Fuimos de visita hoy, estuvimos en el patio de la casa, y mientras recordabamos y hacíamos cuentos de otra época, vimos los racimos, y las probamos.
Hoy, el Tata ya no está hace un tiempo, para cuidarlas, pero la parra sigue dando las más ricas uvas que hayamos probado.
Como en un continuar de la vida, a través de otra forma, de otra vida...