Ella se quedó, como pocos se quedan

Paula Placeres

6/27/2026

Con la vuelta de los caballos a mi vida, han llegado también cientos, o más bien miles de personas en relativamente poco tiempo, de todas las edades, de todos los ámbitos, de otros países, en fin, una variedad inmensa de gente que he conocido y con quienes he compartido lo que sé y de quienes he aprendido mucho, sobre caballos y sobre la vida.

Una de estas tantas personas que he conocido gracias a los caballos se llama Victoria, hoy cumple 18 años. Llegó como llegaban muchos niños en esa época, para aprender a andar a caballo en mis clases, vino con su abuelo y con su mamá los primeros días.

Al principio parecía más de tantos niños que llegaban en aquel tiempo.

En esos días y en las semanas siguientes, mi vida familiar se volvió un tormento. Tuve que suspender por un tiempo las clases, y era poco el tiempo que tenía para estar con los caballos. Debí permanecer junto a mi familia mientras atravesamos una situación muy difícil.

A pesar de ésto, ella siguió yendo a ver a los caballos, la llevaba su mamá, ella hacía videos, sacaba fotos y me pasaba un informe de como estaban.

Desde esos días y hasta hoy, ella no se alejó ni un instante de mí, de mi familia y de ellos.

A pesar de su corta edad, Victoria me enseñó mucho más de lo que yo había aprendido hasta entonces de la vida, del amor incondicional, y de quedarse aún cuando las cosas se ponen difíciles. Estuvo siempre allí, a mi lado, a pesar de todo el caos que hubo en mi vida desde el día en que la conocí, y trajo un poquito de armonía, palabras justas, también un poco de locura y alboroto.

Hemos compartido en este tiempo muchas alegrías y también tristezas, todo lo que nos ha sucedido a ambas desde entonces, lo hemos compartido.

Según supimos hace tiempo, habríamos coincidido en otra vida, nos conocíamos de antes, allí nuestra relación era de familia.

Esta vida de ahora, donde coincidimos y caminamos juntas, es un reencuentro de almas, según nos dijeron. Somos eso y más, porque somos amigas, si amigas, ella con 18 y yo con 47, es un poco extraño si, pero es de las mejores cosas que me han pasado en los últimos años.

Me ha dicho que vendrá a verme cuando tenga el pelo blanco, y me ponga vieja, empujará mi silla de ruedas, me dará el brazo o será mi bastón entonces, cuando caminemos juntas entre caballos, y recordemos nuestras vivencias.

Podría escribir una antología de cuentos acerca de nuestra experiencia en esta vida.

Entre tanta gente, es una suerte para mí, que haya llegado ella.

Llegó como llegaron tantos, pero se quedó como pocos se quedan.

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