El viejo molino
Paula Placeres
6/22/2026


Viendo la foto del molino, me fui en el tiempo, al viejo molino de la casa de mis abuelos, en la sexta sección, Cuchillla Villasboas, departamento de Flores, uno de los departamentos más chicos y despoblados del Uruguay.
Yo era chica, lo miraba por ratos largos, giraba más o menos rápido o se detenía según la intensidad de los vientos. A veces despacito y podía ver todas sus aspas, mientras lo hacía, y a veces tan rápido que solo veía un gran círculo que se movía rapidísimo.
Sus aspas, la torre, su larga escalera que llegaba hasta bien arriba, la veleta que lo hacía girar para tomar mejor los vientos.
Tengo grabado en mis oídos el sonido del golpe de tubos que subían y bajaban.
Empujados por el viento se movían rápidamente, y el resultado era el agua que brotaba desde abajo de la tierra.
Recuerdo que, en los escalones habían puesto alambre de púas, pues era muy atractivo para nosotros que éramos chicos subir por allá arriba, hasta llegar a lo alto, cerquita de las aspas del molino. Recuerdo también que a pesar de esto, mi hermano más chico un día se subió, y casi hace morir de un infarto a los padres.
Me veo a mí, con unos cinco o seis años, parada junto a mi padre o a mi abuelo, con la mano en la frente para opacar un poco el resplandor del sol, mirar el molino para ver de donde soplaba el viento.
Hace un tiempo hablando por teléfono con un amigo, escuché de fondo un sonido que me parecía muy familiar.
Cuando le pregunté de que se trataba, me dijo que estaba en el campo, al lado de un molino.
No sabía hasta ese momento que lo tenía tan presente grabado en mi memoria.
De esas maravillas mecánicas, que sin saber muy bien como funcionaba, despertaba mi admiración y forman parte de mis recuerdos sonoros.