El Bayo viejo

Paula Placeres

Juan José castro, Flores, Uruguay.

El Bayo viejo, ya muy entrado en años, unos 35 o 36, hace unos días estaba agonizando en casa de mis padres.

He ido a su casa los últimos tres días, y no quise verlo, tendría una muerte natural, por su avanzada edad estaba un poco flaco y débil.

Si, este es el Bayo, el caballo que era de mi abuelo, el de las crines trenzadas por los duendes, el de los mil paseos a los niños de la familia desde que era bastante joven y ellos bastante chicos.

Ha estado allí, en las cercanías de la casa por muchos muchos años.

Siempre una presencia humilde y silenciosa.

Hace unas horas mi padre me mandó este video, y claramente me puse a llorar.

Decidió llevarlo caminando a la cantera del campo, aunque apenas podía mantener las patas derechas, cuando vió que iban al campo, me dice papá, que iba empujando y tirando del bozal.

Al llegar cerca del agua lo soltó, y el se metió en el agua, comenzó a nadar y a pellizcar pastitos tiernos de la orilla...

Quien sabe si vivirá más del día de hoy, pero este es en fin de vida que él se merece.

Gracias papá, por este gesto, sus últimos días llegarán cuando sea tiempo, pero serán los mejores últimos días que pueda tener.