Día mundial de la bicicleta
Paula Placeres
6/3/2026


¿Qué tan lejos puedo llegar en una bicicleta?
Tanto como lo desee.
He tenido a lo largo de mi vida, varias bicicletas, para varios usos, y muy diferentes entre sí. La primera, me la regalaron mis padres cuando pasé a sexto de escuela, la compraron usada, pero estaba como nueva, era azul metalizado, tenía canasto y parrilla, con ruedas bastante pequeñas, era preciosa y aunque era una bici de paseo, de cuidad se diría, yo la hacía todo terreno. Recuerdo que el último año de escuela rural fui en ella, habíamos cambiado los caballos por bicicletas en esa época.
Luego pasé muchos años en los que no usé bicicleta, mientras viví en Montevideo.
Mucho tiempo después, tuve mi reencuentro con estos birrodados en Italia, más precisamente en la ciudad de Parma, donde la infraestructura está adaptada perfectamente para la circulación de las bicicletas en toda la cuidad, hay un sistema en el que levantas una bicicleta en un punto de la cuidad, la usas y luego la dejas en cualquier otro punto que te quede cómodo. En ellas hacíamos largos paseos en familia conociendo lugares y también visitábamos el gran Parco Ducale, recorriendo sus largos senderos entre los árboles.
Más adelante, al volver a Uruguay, en Trinidad, mi ciudad, me prestaron una bicicleta, un poco pesada e incómoda, pero en ella me desplazaba por todas partes, para hacer mis mandados, trámites y también para pasear.
Luego tuve la oportunidad de comprarme una bici de mountain bike, y con ella comencé a entrenar, hacía muchísimos kilómetros por caminos rurales. Los domingos iba a la casa de mis padres en el campo, lo hacía por el camino más largo, entonces recorría y entrenaba, me acompañan mi esposo y mis hijos en la camioneta. Hice muchas locuras con esa bicicleta, y la siguiente, porque al poco tiempo la cambié por el último modelo que había salido ese año. Recuerdo que un día me inscribí en una carrera, sin saber de que se trataba, era una carrera de cross country, ha sido una de las veces que he sentido más adrenalina en mi vida y la vez la que estuve más cerca de una gran caída, pero zafé y cumplí con la carrera.
Unos años más adelante, un día paseando por la feria de Tristán Narvaja en Montevideo, donde venden de todo tipo de cosas, entre ellas antigüedades, me enamoré de un pedazo de bicicleta muy vieja, me la compré por unos pocos pesos, la hice restaurar y en ella me moví por mucho tiempo en la cuidad, era una preciosa bicicleta inglesa antigua. Aún la conservo, ha sido y es mi preferida.
Si tuviese que hacer un camino con los kilómetros que he recorrido en bicicleta a lo largo de mi vida, llegaría muy muy lejos.
Personalmente aprendí a conducir siendo grande y por mucho tiempo mi medio de transporte fue la bicicleta.
Puedo decir con propiedad que la bicicleta para mí ha sido y es sinónimo de independencia y movimiento, pocas veces he sentido tanta libertad como cuando pedaleando me propuse ir a alguna parte, y siempre llegué a destino.